Más contenido, menos idea

Hace poco recibí una solicitud para diseñar una pieza gráfica que promocionaría nuevos servicios de un departamento.

El correo incluía mucha información: el evento donde se presentaría la pieza, el medio donde se colocaría y una larga lista de textos que debían aparecer en el diseño.

Algo bastante común en este tipo de proyectos.

El problema era evidente desde el inicio: la cantidad de información no cabía de manera clara ni estética en el medio que se iba a utilizar. Así que hice lo que normalmente hace cualquier diseñador en estos casos: revisar todo el contenido, identificar lo realmente importante y sintetizarlo.

Reducir es parte del trabajo.

Preparé una primera versión del diseño con la información resumida y la envié para revisión.

La respuesta llegó con un comentario inesperado. El cliente me indicó que el medio propuesto tenía obstáculos en el lugar donde se iba a instalar, así que la pieza debía utilizar únicamente la mitad superior del espacio.

Eso me sorprendió un poco. Si ya se conocía el lugar del evento y el medio donde se instalaría la pieza, ese tipo de detalles deberían haber estado claros desde el principio.

Hice los ajustes necesarios y volví a enviar el diseño.

Dos días después, justo antes de la presentación final, llegó un nuevo mensaje. Me pedían cambiar la información que había colocado porque —según me dijeron— todavía era demasiado abundante.

Pensé que me enviarían una versión más sintetizada del contenido.

En lugar de eso, recibí una captura de pantalla de una imagen generada con inteligencia artificial.

La nueva información era mucho más extensa que la que yo había reducido previamente.

La solicitud era simple: eliminar mi versión y utilizar ese nuevo texto.

Al final, tuve que hacer exactamente lo mismo que había hecho desde el inicio: revisar el contenido, extraer lo realmente importante y recortar la información para que la pieza funcionara.

Curiosamente, el resultado final no fue muy distinto del primer diseño que había enviado.

La diferencia es que en el camino se había invertido tiempo adicional generando información que nunca iba a caber correctamente en la pieza.

Ahí apareció una reflexión interesante.

Cada vez veo más casos donde la inteligencia artificial se utiliza para producir contenido antes de tener claridad sobre algo mucho más básico: qué se quiere comunicar, a quién va dirigido y en qué medio se va a presentar.

La herramienta permite generar textos muy rápido.

Pero si el mensaje no está claro, esa velocidad solo multiplica la información. No la mejora.

En diseño, como en muchas otras áreas, producir más contenido no significa comunicar mejor.

A veces solo significa que alguien escribió más.

Más contenido no significa más claridad.
A veces solo significa menos idea.

— Damián Luz

Nota de Bitácora · Luzuma
Algunas cosas del trabajo creativo que casi nunca se dicen.

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